La calidad de vida también es relativa

Parece que he emprendido una cruzada contra Samanta Villar. Nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre es que esta chica es la bandera visible del 'cuñadismo' en temas de maternidad y como sus declaraciones no tienen desperdicio, me toca contestarle a ella. Aunque estoy segura de que habrá muchos otros que suelten generalidades por la boca como si sentaran cátedra.
La polémica acompañó toda la promo del libro
Pues bien, dice Samanta Villar (o la gran engañada de la maternidad) que ser madre le ha hecho perder calidad de vida. Lo lamento, me sabe fatal y respeto sus sentimientos. Cada uno es libre de sentirse respecto a distintos temas como le salga del alma. El problema viene, o la cosa me toca la moral más bien, cuando se afirma y se generaliza. "Tener hijos es perder calidad de vida". Así, como quien dice que la tierra es redonda.
¿Es que Samanta Villar ha hecho un estudio sociológico sobre el tema? ¿Qué datos maneja para realizar tal afirmación? ¿Ha tenido en cuenta más experiencias que la suya o la de su círculo más cercano?
Creo que ser madre te cambia la vida (que no la persona, como podéis leer aquí). Pero realizar esas afirmaciones en público y sin pudor me parece excesivo. Porque si pedimos respeto para cualquier tipo de crianza, para las que dan el pecho, las que dan fórmula, las que colechan o las que portean, ¿por qué no respetamos que cada uno viva su maternidad como quiera?

Yo respeto que esta mujer sienta que ha perdido calidad de vida, pero me da la sensación que agrede otros sentimientos generalizando. Porque nos nos equivoquemos, ya hay dos bandos creados: las que ven la maternidad de color de rosa y las que la ven negra.
La vida no se construye sobre extremos. Todo tiene grises. Los zapatos que te encantaban han llegado a cansarte y esa persona fascinante ya no te parece tan guay. Para mí ser madre es igual. Hay días que te sientes plena, realizada, feliz. Otros solo quieres ver caer el sol para meterte en la cama y saludar un nuevo día. Pero no puedo generalizar, porque cada uno lo vive a su manera.
No quiero que me encasillen en ese grupo de madres que solo son madres y han visto todos sus anhelos realizados a través de sus retoños y actitudes como las de Samanta Villar tienden a sectarizar y etiquetar. Es lo que tienen las generalidades. Y no se dan cuenta que mientras piden que no se les juzgue por no responder al modelo establecido de madre, ellas juzgan a quien disfruta de serlo.
La calidad de vida, y más la de cada uno, es relativa. Ya he contado que para mí la maternidad supuso un cambio laboral. Pues bien, hemos perdido poder adquisitivo, no tenemos la libertad que antes teníamos y me da la sensación que vivo de prestado casi todo el tiempo, pidiendo favores para poder trabajar, ducharme o salir a comprar. Pero no considero que tenga peor calidad de vida. Hay días en los que incluso afirmo que es mejor.
Desde que soy madre disfruto de más tiempo en familia. He redescubierto mi barrio y todo lo que puede ofrecerme. He conectado con otras personas con las que comparto inquietudes, problemas y alegrías. Tengo la sensación de que mi vida es mucho más rica y completa que hace un par de años, pero no impongo esta realidad a otras personas.
En un país con los problemas de natalidad que tiene España y donde además no existen políticas reales de conciliación, es osado ser Samanta y sentenciar así.

Desde que ellas llegaron los planes molan más

Comentarios